Reflexión Ética y Epistemológica para el Hub Ser Ajayu: Puntos de Partida

Perspectiva y Motivación

El contexto actual del ecosistema psicodélico ofrece una oportunidad única para fomentar la emergencia de culturas psicodélicas éticas que faciliten un acceso amplio y responsable en el futuro. Esto conlleva varios imperativos clave. En primer lugar, se reconoce la necesidad de establecer y defender espacios éticos para el intercambio y la generación de conocimiento e información entre diversos actores en el campo de los psicodélicos. Esta prioridad no solo representa un imperativo moral, sino también una estrategia esencial para sostener el apoyo público y de los responsables políticos.

Una segunda dimensión ética fundamental en la evolución de este campo radica en la preservación de las tradiciones indígenas de medicina vegetal y en la garantía de un acceso continuo a la sanación mediante estas prácticas para las comunidades indígenas. El creciente interés público en los psicodélicos está exacerbando daños culturales y ecológicos a estas tradiciones.

Más allá de la obligación moral de respaldar a las comunidades que han custodiado gran parte del conocimiento actual sobre los psicodélicos, se pone en riesgo futuras oportunidades de aprendizaje sobre prácticas efectivas, saludables y éticas en torno al uso de medicinas naturales para el desarrollo y el autoconocimiento. El extractivismo epistemológico, característico de la especialización ortodoxa en la ciencia y la industria, no abarca la totalidad del potencial que sugieren las tradiciones ancestrales.

Desde una perspectiva inicial no exhaustiva, se plantea un conjunto mínimo de consideraciones necesarias para incorporar estos imperativos y dar inicio a un proceso colectivo de construcción de conocimiento.

1. Movimiento Epistemológico:

Del Conocimiento Sobre el Mundo al Conocimiento Con el Mundo

Heidegger argumenta que la epistemología moderna ha conceptualizado el conocimiento como un acto de separación: un sujeto observador y un objeto observado. Este modelo ha generado una comprensión instrumental de la naturaleza y una noción de verdad basada en la correspondencia entre mente y realidad.

El resurgimiento del interés en los enteógenos cuestiona esta lógica. Estas experiencias revelan modalidades no dualistas de conocer, en las que el sujeto y el mundo se interpenetran. En lugar de una epistemología de la distancia, surge una epistemología de la relación: conocer implica ser afectado y transformarse en la experiencia del otro. Al respecto, tanto el anciano amawta de Tiwanaku como el Premio Nobel de Física Erwin Schrödinger aportan perspectivas relevantes; este último afirma que no hay manifestación sin observador.

En la tradición aymara, este principio se expresa como ayni: la reciprocidad como fundamento de toda relación ontológica. El conocimiento no se posee; se cultiva en el vínculo. Desde esta óptica, los enteógenos no son meros objetos de estudio, sino interlocutores ontológicos —entidades dotadas de agencia, memoria y voluntad—.

2. Fenomenología y Conciencia Ampliada

La fenomenología contemporánea, particularmente desde Husserl y Merleau-Ponty, enfatiza que la conciencia no reside “dentro” del sujeto, sino que constituye el campo en el que el mundo se manifiesta. En diálogo con esta tradición, la experiencia enteógena puede interpretarse como una ampliación fenomenológica radical, en la que se disuelven las categorías que sostienen la separación entre cuerpo, mente y naturaleza.

La disolución del yo —un fenómeno frecuente en los estados enteógenos— no equivale a una pérdida de identidad, sino a un acceso a una forma relacional de existencia, donde el sí mismo se reconoce como un nodo en una red de interdependencias.

En la filosofía aymara, esta noción encuentra su correlato en el concepto andino de ch’ixi, propuesto por la antropóloga Silvia Rivera Cusicanqui: la coexistencia de elementos heterogéneos sin que ninguno anule al otro. La conciencia enteógena, o el conocimiento enteógeno, se proyecta como una experiencia ch’ixi de lo real: una pluralidad de presencias y formas de conocimiento que se entrelazan sin fundirse.

3. Ontología Relacional para una Epistemología de lo Sagrado

El pensamiento animista ancestral no establece una distinción tajante entre materia y espíritu. Todo ser —mineral, vegetal, humano o cósmico— está animado por una energía vital que, en la cultura aymara, se denomina ajayu.

Este principio también impregna el acto de conocer. En este marco, la investigación, la comprensión y el arte representan formas de restablecer el equilibrio del ajayu en la totalidad espacio-temporal del cosmos.

Desde la filosofía contemporánea, esta visión converge con los postulados del posthumanismo, que reconoce la agencia de la materia y la inteligencia distribuida de la naturaleza. En ese sentido, el uso de las plantas sagradas se comprende como sistemas de interacción simbólica, biológica y espiritual —tecnologías de lo sagrado— que permiten al ser humano reaprender su pertenencia a un tejido vivo de significaciones.

4. Hacia una Ética Recíproca de Conocimiento y Cuidado

El propósito del Hub Ser Ajayu no consiste en traducir lo ancestral al lenguaje científico, sino en articular un marco epistemológico plural, donde los saberes coexistan sin jerarquías.

Esto demanda una ética de aprendizaje en la que todo acto de conocer sea simultáneamente un acto de cuidado: una interrelación simbólica, biológica y espiritual en la que todos los agentes se construyen y protegen mutuamente.

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Diseñada para integrar desde una filosofía crítica los saberes ancestrales andinos y amazónicos con conocimiento científico moderno para la salud mental, de manera colaborativa, respetuosa y regulada.

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